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lunes, 3 de noviembre de 2014

Mi viejo estudio

Eduardo Beltrán y García de Leániz / Almazán


Estos últimos días he estado subiendo asiduamente al desván de la casa de mis padres en donde tenía mi antiguo estudio de pintura, el cual ocupaba una parte de la buhardilla. Ha sido un reencuentro inolvidable con aquellos años de niñez y juventud, despertando sensaciones ya olvidadas.  Allí estaban mis viejos dibujos, las ceras y mis primeros cuadros al óleo, que firmaba "Edy". Todo un descubrimiento.

El desván era el sitio perfecto de la casa para estar aislado y sin injerencias externas, donde conseguía esa soledad y tranquilidad que todo pintor necesita. Era un lugar mágico para mi. Sigue siendo un lugar mágico.  Aquí surgió mi pasión por el arte. Rodeado de muebles antiguos y toda clase de objetos y artilugios inservibles o desechados por viejos, este lugar se convirtió en el refugio de muchos momentos en los que el recogimiento era esencial para sacar adelante proyectos e ideas.

Las baldosas de terracota y las maderas de pino que cubren el suelo y el techo fueron testigos mudos de tantos años de búsqueda, en los que la energía y la voluntad por pintar fueron decisivas en mi obra.

Entre el polvo y alguna que otra telaraña, empecé a destapar viejos vestigios de ese pasado pictórico. Unos tubos secos de óleo, cajas llenas de pinturas de cera "Manley", antiguos lienzos sin terminar, marcos deteriorados, difuminos y lapiceros despuntados, cajas de acuarelas desgastadas, viejos libros por todos los lados, ... y muchos dibujos y bocetos al carbón. También retratos a la cera y algunos óleos sobre lienzo.

Varias exposiciones salieron de las paredes de este estudio, empezando por la primera en 1977, siendo apenas un adolescente.

Era un placer pintar en este lugar, sobre todo a partir del comienzo de la primavera, cuando llegaban las golondrinas, que tenían y siguen teniendo sus nidos de barro en los aleros del tejado, y cuyo piar se dejaba sentir en todo el desván. También las cigüeñas, con su característico claqueteo, dejaban su impronta en el nido que tienen en la torre de la Iglesia de Santa María, y que puedo ver desde una de las claraboyas del tejado.

La tenue luz del temprano atardecer de primeros de noviembre se colaba por las lucernas, las botellas desnudas de los garrafones lanzaban destellos de otros vivencias, los cestos deteriorados por el paso inexorable del tiempo seguían abandonados,...todo eran evocaciones de épocas ya lejanas. Pero su recuerdo siempre permanecerá en mi memoria. 

Parece que estoy ahora escuchando a mi madre subiendo por las empinadas escaleras, y preguntándome qué tal iba el nuevo cuadro.

Era mi viejo estudio.

Almazán, 2 de noviembre de 2014



















12 comentarios:

  1. Qué envidia haber podido pintar en ese marco incomparable. Como tu dices parece un lugar mágico, propio de una película de aventuras que te lleva a tiempos perdidos. Has tenido mucha suerte de vivir allí, y gracias por compartirlo.
    Javier


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    1. La verdad que es un lugar muy especial, y las fotos que ves son sólo de una parte del desván, pues es bastante más grande. Desde muy niño me gustaba mucho subir allí, hasta que monté el estudio y este lugar se convirtió en algo mío.

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  2. Me ha encantado leerlo! Preciosas las palabras y las fotografías.
    Carmen Castro

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    1. Muchas gracias, Carmen, he querido que en esta entrada mis palabras estuvieran cargadas de un aire más emotivo.

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  3. Hola soy Cristina, dueña de Mia. Parece salido de un cuento. Enhorabuena has elegido el mejor lugar para iniciarte en la pintura, con mucha paz y al mismo inspirador.

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    1. Gracias Cristina por tus palabras tan bonitas. Este desván significó mucho para mí durante mucho tiempo. Allí pasaba horas y horas dando rienda suelta a mis ideas y proyectos pictóricos, y al mismo tiempo, profundizando en la vida.

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  4. Qué sitio más bonito, Eduardo, sobre todo sabiendo que allí has pintado tantas obras de arte desde que eras un niño. Me encanta tu artículo, emotivo y sincero.
    Ana

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    1. Recuerdo bien las horas que pasaba experimentando con las pinturas de cera sobre distintos soportes de papel, para llevar a cabo mi primera exposición de pinturas en el año 1977. Aún conservo alguna de ellas. Gracias por tu comentario.

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  5. Que bonito se ve!
    Alejandra Beltrán Sancho

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    1. Gracias Sandra, casi igual que cuando pintaba allí.

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  6. Al leer tu artículo me ha entrado cierta nostalgia. Recuerdo que, cuando Carlos y yo éramos pequeños, "tu desván" era nuestro sitio preferido de la casa. Solíamos subir allí siempre después de comer como si de un lugar mágico se tratase. Un lugar que tú hiciste mágico al llenarlo de color y alegría al pintar. Siempre admirábamos tus lienzos y tus dibujos y nos podíamos pasar ahí horas rebuscando por todos los sitios y mirando cada uno de tus pequeños trabajos que, como has dicho, algunos estaban sin terminar pero nos parecían una maravilla. Después, cogíamos un folio, nos sentábamos en el sofá y nos dedicábamos a intentar "imitar" tus cuadros. Yo creo que todavía tendremos algunos guardados por Almazán.

    Me alegra ver que el desván todavía contiene esa esencia mágica que tú le diste mucho tiempo atrás. Para mí, leer tu artículo y ver las fotos del desván también ha sido un reencuentro con aquellos años de niñez en la que me pasaba horas metida ahí. Gracias por haber compartido con todos tus comienzos.

    Cristina.

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    1. Qué palabras más bonitas y emotivas, Cristina. Lo recuerdo perfectamente, cuando eráis pequeños os encantaba esconderos en los numerosos escondites que abundaban en el desván, que es enorme, aunque en las fotos se ve sólo una parte.

      Y os encantaba revolver todo, sobre todo mis dibujos y pinturas, y recuerdo muy bien que después os daba unos folios para que dibujaseis y pintaseis. ¡Qué tiempos aquellos!

      La verdad, que estos días he estado melancólico deambulando por el desván, recordando esos años de inicio de mi pintura. Sobre todo cuando era un niño como vosotros, y dibujaba héroes de comics y gatos a la cera...

      Sí, es un lugar mágico, en cada rincón puedes encontrar siempre algo nuevo. Hay tantas cosas que nunca te cansas de buscar, viniéndote a la mente momentos vividos hace mucho tiempo en cada objeto que encuentras.

      Gracias por tu comentario.



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